Mostrando la hilacha |
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El cuadro, traído por las primeras Hermanas misioneras llegadas a Uruguay en 1877, tiene una historia muy bonita. A punto de embarcarse en el puerto en Génova, llegó Don Cagliero, muy feliz, y entregó a las Hermanas el cuadro diciéndoles: “Lo robé para Uds. de la sacristía de Valdocco. Lo pintó un señor enfermo de la vista y a punto de quedarse ciego. Recurrió a Don Bosco, que lo guió un poco con el pincel sobre el lienzo, y lo bendijo. Y en aquel momento curó y nos regaló esta hermosa pintura”. 132 años después, esta Auxiliadora misionera cruzó el Atlántico por tercera vez. En efecto, acaba de volver a su lugar, tras una minuciosa restauración realizada en Turín, que permitió volver a lucir los colores primitivos que salieron del pincel tocado y bendecido por Don Bosco. Desde allí seguirá animando nuestra misión de cristianos y salesianos en Uruguay.
Maturana
Una parte del proyecto promueve la formación y acompañamiento de los agentes pastorales, con dos encuentros al año en lo que se profundiza un tema relativo al ser cristiano. Tras el encuentro, los sectores cuentan con fichas para seguir reflexionando y compartiendo con otros sectores sus conclusiones. Se proponen dos reuniones al año, con un “compañero de camino” que ayude más personalmente a mirar y promover la vida de discípulo de Cristo de cada uno. Otra parte impulsa la formación de nuevos animadores, y una tercera, la preparación de insumos de salesianidad para los educadores en general. “Somos caminantes, marchando con la seguridad de ser acompañados por el que caminó primero, Jesús, que nos guía y nos lleva de la mano”, dijo al BS una de los participantes del Proyecto. Mercedes:
El miércoles 29 de abril, los grupos de alumnos, acompañados por padres, profesores, animadores y salesianos, concurrieron a diversas escuelas públicas de la ciudad y de la zona rural. Unos caminando, otros en ómnibus, o en vehículos de padres y amigos de la comunidad. En las escuelas, tras llegar y manifestar el deseo de compartir y ser solidarios, se organizaron juegos y, según las características de cada una, trabajos en la huerta, limpieza de vidrios y pisos, arreglos de alambrado y pintura. La actividad concluyó con un rato de canto y una merienda compartida con alos alumnos a la hora del recreo. Algunos volvieron con las manos dolidas por la azada o el rastrillo... Pero lo importante es hacer sentir que es preferible que duelan las manos y no el corazón, cuando se está disponible para anunciar con la vida que Jesús resucitó. Antonella, de 2º de liceo, comentó así lo vivido: “Fue una experiencia muy linda. Fue muy bueno compartir un rato con ellos y conocer otras realidades. Algunos no se animaban a participar, pero poco a poco conseguimos que se fueran integrando”.
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