Unos 350 educadores, salesianos y laicos, de todo el mundo, participaron del 2 al 6 de enero pasado, en el Salesianum de Roma, en el Congreso Internacional “Sistema Preventivo y Derechos Humanos”, promovido por el Dicasterio para la Pastoral Juvenil y organizado por el Voluntariado Internacional para el Desarrollo. A 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Congreso representó un estímulo para afrontar con mayor intensidad el desafío de la emergencia educativa de los jóvenes.
Al concluir, el Rector Mayor respondió a los planteos de los participantes con una intervención conclusiva, que el BS reproduce aquí, casi en su totalidad, para darla a conocer llegar a sus lectores.
CARISMA SALESIANO Y RESPONSABILIDAD POR LOS DERECHOS HUMANOS.
En esta aula, que manifiesta una multiplicidad de etnias, culturas e idiomas, todos nos reconocemos en el único carisma de Don Bosco y estamos renovando sus sueños misioneros, que han visto la presencia y el trabajo de sus hijos en favor de los jóvenes del mundo entero.
La Familia Salesiana tiene entre sus manos un patrimonio maravilloso: 15 millones de jóvenes en 130 países del mundo. Quizás como ninguna otra agencia educativa -como nos lo señaló el Relator especial de Naciones Unidas sobre derecho a la educación- ella tiene una representatividad geográfica y cultural única, que favorece de manera determinante la formación de las generaciones jóvenes, a nivel mundial. Lo reconocemos con humildad, pero también con conciencia.
Se trata, en efecto, de un patrimonio inestimable que implica asumir la gran responsabilidad de contribuir, inspirados en el Evangelio de Jesús y el carisma de Don Bosco, a promover la transformación de la sociedad, a remover las causas profundas de la injusticia, la pobreza, y la exclusión; a potenciar el crecimiento de la persona humana en su dignidad, y a evangelizar a los jóvenes, sobre todo los más pobres.
La Congregación existe para la salvación integral de los jóvenes. Como Don Bosco en su tiempo, no podemos ser espectadores sino protagonistas de su salvación. La carta de Roma de 1884 nos pide, también hoy, poner al ‘joven en el centro’, como compromiso cotidiano personal y como opción permanente de vida de nuestras comunidades. Para la salvación integral de los jóvenes, el Evangelio y nuestro carisma nos piden hoy recorrer también el camino de los derechos humanos; se trata de un camino y un lenguaje nuevos que no podemos descuidar. No podemos dejar de intentar nada por la salvación de los jóvenes: no podríamos mirar a los ojos a un niño si no nos hiciéramos también promotores de sus derechos.
CENTRALIDAD DE LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN
Sólo la educación puede promover un mundo nuevo, en el que cada hombre, cada mujer y cada niño puedan vivir en paz una vida libre y digna. Al mismo tiempo, la educación es el medio más radical para remover las causas que impiden esa promoción.
Ante la ‘emergencia educativa’ caracterizada por grandes polaridades y ambivalencias, ante una educación que frecuentemente se considera con una ‘lógica de mercado’ y está al servicio de mantener un ‘status quo’ que continúa privatizando la riqueza y socializando todas las formas de pobreza, la Congregación Salesiana, junto a los jóvenes, los laicos y las familias, está llamada a evaluar la calidad de nuestra propuesta educativa pastoral para hacer madurar en los jóvenes valores universales de respeto y promoción de la dignidad de la persona humana, de responsabilidad personal y social para la justicia y la solidaridad, y de ciudadanía activa; a evaluar la capacidad de nuestra propuesta educativa pastoral para comunicar el Evangelio y hacer que los jóvenes encuentren a Jesús, también a través de una educación que los libere de toda pobreza y marginación; y a evaluar la capacidad de nuestras comunidades salesianas y nuestras comunidades educativas pastorales para vivir en plenitud los valores de la promoción de la dignidad de la persona, no sólo enseñándolos sino también testimoniándolos.
Esta evaluación nos lleva a actuar algunas de las opciones más profundas de nuestro carisma. En particular nos pide, en primer lugar, renovar en todas las obras salesianas la opción de recomenzar desde los últimos1,educando en la responsabilidad para los derechos humanos en todas nuestras actividades y obras: escuelas, centros de formación profesional, universidades, oratorios y centros juveniles, parroquias, asociaciones, grupos. También las obras que no se ocupan directamente de la pobreza y la marginación pueden y tienen que educar en y para los derechos humanos2. Los derechos humanos corroen el ‘status quo’, las estructuras de poder, los estilos de vida dominantes y los modelos de consumo: son un medio poderoso a nuestra disposición para promover y proteger a los menores más en riesgo, más débiles, más necesitados.
Y nos pide, en segundo lugar, renovar la opción de una educación integral, en la que educación y evangelización son como las dos caras de una misma moneda3. Esta educación integral exige educar a los jóvenes en el compromiso social y político según la inspiración de la doctrina social de la Iglesia4. En el capítulo 25 del Evangelio de Mateo, los que son bendecidos por haber dado de comer a quien tenía hambre y de beber a quien tenía sed, preguntan a Dios cuándo lo han visto hambriento y sediento; y lo preguntan porque piensan que han realizado una acción meramente humanizadora, que no tiene relación con la vida eterna. El Evangelio responde identificando la presencia de Dios Salvador en la persona de los últimos.
Me atrevería a decir que cuando el salesiano, movido por el amor de Dios, se compromete en la promoción de los derechos humanos está celebrando la liturgia de los derechos humanos, porque la gloria de Dios es el hombre viviente5; por eso, me atrevería a hablar de liturgia de los derechos humanos. Como discípulos de Jesús, a la luz de la fe, podemos valorar los derechos humanos como historización del proyecto de Dios, sin olvidar que son una respuesta providente al grito de millones de mujeres y hombres, incluso no creyentes, que imploran dignidad cuando no es respetada.
FECUNDA RECIPROCIDAD ENTRE SISTEMA PREVENTIVO Y DERECHOS HUMANOS
Sistema preventivo y derechos humanos se influyen entre sí enriqueciéndose mutuamente. El sistema preventivo ofrece a los derechos humanos un acercamiento educativo único e innovador con respecto al movimiento de promoción y protección de los derechos humanos caracterizado, hasta ahora, por la perspectiva de la denuncia ‘a posteriori’, es decir, la denuncia de las violaciones ya cometidas. El sistema preventivo ofrece a los derechos humanos la educación preventiva. Es decir, la acción y la propuesta ‘a priori’.
Como creyentes, podemos decir que el sistema preventivo ofrece a los derechos humanos una antropología inspirada en la espiritualidad evangélica, y considera como fundamento de los derechos humanos el dato ontológico de la dignidad de cada persona ‘sin distinción alguna de raza, color, sexo, lengua, religión, opinión política o de otro género, origen nacional o social, riqueza, nacimiento u otra condición’6.
Del mismo modo, los derechos humanos ofrecen al sistema preventivo nuevas fronteras y oportunidades de diálogo y colaboración en red con otros sujetos, para determinar y eliminar las causas de injusticia, maldad y violencia. Los derechos humanos, además, ofrecen nuevas fronteras y oportunidades de impacto social y cultural, como respuesta eficaz al ‘drama de la humanidad moderna de la fractura entre educación y sociedad, de la separación entre escuela y ciudadanía’7.
En el nuevo contexto globalizado los derechos humanos se convierten en un instrumento que puede sobrepasar los estrechas fronteras nacionales para poner límites y objetivos comunes, crear alianzas y estrategias y movilizar recursos humanos y económicos.
1 Cfr. Capítulo General XXVI,106
2 Cfr. Capítulo General XXVI,107
3 Cfr. Capítulo General XXVI,29
4 Cfr. Capítulo General XXVI,43
5 Cfr. Salmo 150
6 Declaración Universal de los Derechos Humanos, artículo 2
7 Pascual Chávez Villanueva, Educazione e cittadinanza. Lectio Magistralis para el Doctorado Honoris Causa, Génova, 23 de abril 2007