Rector Mayor

Un vasto movimiento para los jóvenes
UN MISMO CARISMA, UNA MISMA MISIÓN


Los jóvenes son, ante todo, el don de Dios a la Familia Salesiana. No son simplemente los beneficiarios de una actividad; ellos son nuestra vocación. El Señor le indicó a San Juan Bosco los jóvenes, especialmente los más pobres y abandonados, como los primeros y principales destinatarios de su misión (CDC 21).

UN CARISMA, UNA MISIÓN
Ya he indicado, queridos lectores, que toda la gran Familia Salesiana tiene un mismo carisma y una misma misión: trabajar para le educación y el bien moral y espiritual de los “jóvenes más pobres y abandonados”. Este es el corazón de la experiencia de Don Bosco, su don, su carisma, transformados en experiencia, don y carisma de quienes lo siguen en esta pasión. Su especial vocación había brotado de una llamada especial que el Señor le había dirigido varias veces a través de sueños proféticos y de la lectura atenta de la historia social de Turín.

El período que siguió a los años ’50 es el de la primera revolución industrial: muchachos y jóvenes bajaban en tropeles de los valles para ofrecerse como mano de obra de bajo costo a las industrias manufactureras, a los talleres de artesanía, y a los edificios en construcción. Muchos de ellos, sin defensa, ni cultura, ni habitación fija, fueron víctimas de injusticias, abusos y violencias, pasaron por incertidumbres, miedos y privaciones y perdieron la alegría de vivir. Algunos eligieron el camino de la delincuencia. Su experiencia con los muchachos encarcelados fue precisamente la que sacudió a Don Bosco, estimulándolo a buscar un modo nuevo de ser sacerdote: “Ver a montones de chicos sanos, robustos, de inteligencia despierta, allí inactivos, roídos por los insectos, carentes de pan espiritual y material, fue algo que me hizo estremecer"1.

DOS ELEMENTOS A REGISTRAR
Aquí hay un primer elemento a registrar: Don Bosco supo interpretar la realidad social y sacar consecuencias. Así nació en él una inmensa compasión por esos jóvenes. Ante los más desheredados y explotados, sintió la urgencia de ofrecerles un ambiente acogedor y una propuesta educativa que pudieran responder a sus necesidades: “Fue en esa ocasión que me di cuenta que muchos estaban abandonados a sí mismos. ¿Quién sabe -me decía- si estos jóvenes tuvieran afuera un amigo que los cuidara, los siguiera y los instruyera en la religión… Quién sabe si no lograrían mantenerse alejados de la ruina, o al menos, se reduciría el número de los que vuelven a la cárcel? Comuniqué este pensamiento a Don Cafasso -su director espiritual- y con su consejo y sus luces me dediqué a estudiar la forma de realizarlo"2.

Y éste es el segundo elemento a registrar: la fantasía pastoral que llevó a Don Bosco a buscar con creatividad y generosidad respuestas convenientes a los nuevos desafíos, lo que exigía crear estructuras que pudieran hacer posible un mundo alternativo y mejor para esos muchachos.

Don Bosco quería “prevenir”, recibiendo a los muchachos que llegaban a Turín para buscar trabajo, a los huérfanos y a los abandonados por sus padres. Comenzó por ofrecerles una propuesta educativa centrada en la preparación para el trabajo, que ayudara a recobrar la dignidad y la confianza en sí mismos, integrada con un ambiente positivo, rico de alegría y amistad en el que, casi por contagio, se pudieran asumir valores morales y religiosos.

COLABORADORES Y SEGUIDORES
Los jóvenes eran muchos, y sus necesidades todavía más; él se consumió por ellos, siguió soñando, pero comenzó también a transformar los sueños en realidad: formó “un ejército de colaboradores” que pudieran enfrentar la gran emergencia educativa de esos tiempos de primera industrialización. Ese “gran ejército” suyo fue la Familia Salesiana: clérigos, sacerdotes, religiosos y religiosas, seglares comprometidos, ricos y pobres, solteros y casados, los jóvenes mayores educados para ser líderes de los más chicos. Nunca le alcanzaron los colaboradores, porque tenía muy clara lo grande e importante que era la misión de la salvación de los jóvenes, desde el punto de vista humano, social, moral, espiritual y religioso.

Queridos lectores: cuanto más conozco la Congregación, más me doy cuenta del esfuerzo que tiene que hacer toda la Familia Salesiana por ser fiel a esta misión de estar cerca y ser solidaria con los más necesitados, y ayudar a las realidades juveniles que la sociedad, con demasiada frecuencia, no ayuda: jóvenes débiles y marginados, dropouts, de la calle, niños soldados, niños trabajadores, niños explotados en el maldito turismo sexual. También hoy hay mucho por hacer.

Por eso los llamo a llenarse de la pasión de Don Bosco. “¡Juntos se puede!”: más que un slogan político, tiene que ser el lema de lo que creen en el bien. Juntos podemos ofrecer a los jóvenes caminos de esperanza y de auténtica realización para continuar el sueño de Don Bosco de verlos felices, primero aquí en la tierra, y después, en el cielo. Con él, también yo, como sucesor suyo, tengo un sueño: el de una Familia Salesiana renovada en el carisma y apasionada por la misión.


Pascual Chávez V.

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