Se termina el año, pasaron las elecciones nacionales, se acerca la Navidad, se nos va el 2009. Tiempo de balances, tiempo de pasar raya, tiempo de retrospectivas. Se acerca el 2010, se viene un cambio de gobierno, nuevas esperanzas, tiempo de proyección. Imaginar el futuro desde el presente: ¡lindo desafío que hoy quiero compartir con ustedes! Pensar el Uruguay que se viene, pero no el de mañana o pasado mañana, sino el de mediano y largo plazo. El que viviremos o vivirán nuestros hijos dentro de 10 ó 20 años. Pongamos una premisa: el futuro que nos tocará vivir mañana es el resultado de lo que podamos construir en el presente. Lo que hoy vivimos es la construcción de lo que muchos hicieron (o dejaron de hacer) hace una o dos décadas. Lo que hoy haremos es lo que forjará el futuro del 2030.
Pongamos simplemente a modo de ejemplo el fútbol. En el 2030 se cumplen 100 años del primer mundial de fútbol disputado en Montevideo. Hay quienes sueñan con que Uruguay y Argentina (o quizás debí decir “Argentina y Uruguay”) puedan postularse para ser sus organizadores. ¿Por qué no? Sería un lindo sueño. Pero está claro que, para que eso suceda, hay que empezar a prepararse desde ahora. Pensemos también en quienes jugarán por Uruguay en ese Mundial. Seguramente algunos de esos jugadores hoy sean niños correteando atrás de una pelota, quizás recién nacidos, o algunos tal vez todavía no nacieron. ¿Quién descubrirá estos talentos? ¿Quién les enseñará a jugar al fútbol? ¿Quién se preocupará para que estén bien alimentados? El futuro comienza hoy, con el regalo del presente.
Debo aclarar antes que nada, que las ciencias sociales, y en especial la sociología, no son buenas ciencias para las predicciones, y menos para las de mediano plazo. En todo caso, la sociología se siente más cómoda analizando el presente, descubriendo sus tendencias, alertando sobre posibles riesgos y develando sus oportunidades. Como bien señala Fernando Filgueira, “las ciencias sociales y en particular la sociología no brillan por ser ciencias predictivas” por las dificultades metodológicas que subyacen al intento de establecer relaciones causa-efecto. En todo caso, el valor de hacer futurología, radica justamente en pensar escenarios y descubrir cuánto podemos hacer hoy para construir el futuro que deseamos, que nos hace más humanos, individual y colectivamente.
Con este espíritu, comparto con Uds. algunas tendencias y reflexiones que, desde este presente, comienzan a dibujarse para el Uruguay del futuro y que, por poner algún horizonte, situé en el 2030. Por razones de espacio, he seleccionado aquellas perspectivas más referidas al campo demográfico y a la realidad social, quizás por ser dos temas centrales para la viabilidad de nuestro país.
PERSPECTIVAS DEMOGRÁFICAS
Para resumirlo en forma muy esquemática, el futuro demográfico del Uruguay depende de cuánta gente nazca, cuánta gente muera y cuánta gente se vaya o venga a nuestro país. Dicho de otra forma, los habitantes del Uruguay serán el resultado del número de nacimientos, menos el número de personas fallecidas, más el saldo migratorio que puede sumar o restar al resultado final. Analicemos pues algunas de estas tendencias.
En cuanto a los nacimientos, todo hace pensar que seguiremos con una cantidad cercana a los 50.000 niños nacidos por año, salvo que se produzca un cambio inesperado. De hecho, no hay mayores elementos para esperar variaciones importantes en el comportamiento reproductivo de los uruguayos, a corto o mediano plazo. En cuanto a la esperanza de vida, es muy probable que siga en aumento como ha venido ocurriendo hasta ahora. Gracias a los avances de la medicina y a las mejoras en las condiciones de vida, los uruguayos podremos vivir más años.
En cuanto a la migración, es más difícil arriesgar pronósticos. A pesar de que ahora parece haberse reducido la cantidad de emigrantes por el contexto de la crisis global, los especialistas tienden a pensar que los saldos migratorios seguirán siendo negativos. Es decir, la tendencia a futuro es que se irá más gente de la que ingresará al país. En este contexto, el resultado final más probable será el de una población que crecerá muy lentamente, a ritmos marginales.
Ante esta situación, no falta quienes dicen que la “solución” sería ampliar el flujo migratorio, convirtiendo al Uruguay en un polo de atracción para emigrantes, como sucedió a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Quienes piensan que ésta sería una situación deseable, visualizan un Uruguay “multi-étnico”, resultado de la migración que recibiríamos de algunos países latinoamericanos, africanos, y asiáticos, con los cuales tenemos ventajas comparativas. Según este escenario, no será extraño ir caminando por 18 de Julio y ver africanos, asiáticos o personas de otros países latinomericanos. ¿Meras especulaciones? ¿Posiblidades reales? Difícil saberlo….
En cuanto al proceso de urbanización, todo hace pensar que el Uruguay “rural” seguirá en retroceso y cada vez haya menos gente arraigada en el campo. Esta tendencia, como dice César Aguiar1, posiblemente convierta al Uruguay en una de las sociedades más urbanizadas del mundo. A su vez, el desarrollo urbano se irá consolidando de manera muy clara en la zona costera, desde Colonia hasta la Paloma, y en la franja del litoral. Ya hoy, si miramos al Uruguay desde el satélite (accediendo a un PC que tenga conexión a Internet se puede hacer, utilizando el Google Earth), se descubrirá una gran mancha urbana que se extiende por todo el sur del país, constituyendo una gran metrópolis que algunos llaman “la ciudad celeste”.
En términos de urbanización, también parece bastante marcada la tendencia a consolidar las ciudades de ambas fronteras, en detrimento del centro del país, que posiblemente siga despoblándose aun más. También es factible que Montevideo y su zona metropolitana absorban a buena parte de las ciudades de Canelones; mientras que, en el Este, saldrá fortalecido el triángulo Maldonado-San Carlos-Punta del Este. No obstante, todo parece indicar que Salto seguirá siendo la segunda ciudad en importancia.
PERSPECTIVAS SOCIALES
En términos educativos, es bastante claro que la educación seguirá su carrera expansiva, y que en algún momento tendremos una explosión de la población estudiantil universitaria, como la que han vivido otros países de la región. También es altamente probable que, más tarde o más temprano, el país logre destrabar el bloqueo que hoy tiene en la enseñanza media. Cuando esto ocurra, los actuales problemas que expulsan a un grupo importante de adolescentes (especialmente varones) quedarán despejados, y esa juventud podrá acceder a la Universidad. Sin embargo, esta expansión en la cobertura de los niveles superiores estaría acompañada por una devaluación progresiva de la educación y, simultáneamente, por un nivel mayor de exigencias, ya que cada vez se requerirán mayores calificaciones para acceder a los buenos empleos. En otras palabras, es probable que la segmentación educativa no se reduzca, y que la calidad de la educación adquirida sea el principal factor de inequidad entre los uruguayos.
A nivel del mercado de empleo, parece bastante claro que seguirá en aumento la cantidad de mujeres que ingresen al mercado de trabajo, y con ello, el tamaño de la oferta de empleo en el país también se elevará (más gente buscando empleo). Esto hace pensar que será muy difícil lograr reducciones sustantivas en la tasa estructural de desempleo, y que más bien, ésta pueda aumentar en el mediano plazo. En cuanto al tipo de trabajos, también es probable que continúe el proceso de reducción de puestos manuales en la industria, y que siga aumentando en forma acelerada el empleo en los sectores de servicios. Esto, sin duda, dará lugar a un crecimiento importante del número de las pequeñas y medianas empresas. Estas transformaciones provocarán una expansión de las opciones profesionales ligadas a los sectores más modernos y vinculados a la tecnología.
En el campo social, la tendencia a la segmentación y a la fragmentación social no será fácil de revertir. Seguramente los gobiernos futuros realicen importantes apuestas a la inversión social, pero será difícil volver a alcanzar los niveles de integración social que el Uruguay tenía en el pasado. Como dice César Aguiar “se podría afirmar que es probable que, por un buen tiempo, sigamos conviviendo con niveles elevados de pobreza, marginalidad e inseguridad urbanas bastante difíciles de tolerar para la sensibilidad uruguaya tradicional. Salvo que logremos cambios sociales y culturales relevantes, que en principio suponen una fuerte innovación, no parece razonable que podamos controlar significativamente los niveles de inseguridad urbana”.
Finalmente, a nivel de estructuras familiares, todo parece indicar que seguirá en aumento el número de hogares en los que vive una sola persona (hogares unipersonales), en los que vive un solo padre o madre con sus hijos (hogares monoparentales), y en los que viven parejas en régimen de convivencia sin formalización de relación matrimonial. También parece bastante claro que seguirán aumentando las tasas de divorcio al incorporarse la hipótesis del divorcio en las bases contractuales explícitas de la formación de parejas. En este contexto, también es bastante probable que se refuercen los movimientos que tiendan a revalorizar la familia tradicional y a defender las ventajas de las estructuras familiares más estables, consolidadas y con historia y proyecto compartido.
EPÍLOGO
Nada de lo dicho anteriormente, está predeterminado. Vuelvo a lo del principio. La mirada del analista social intenta proyectar desde el presente pero sin olvidar que el futuro sigue teniendo su dosis de misterio. Este es el desafío: construir desde el presente. Y por eso, quisiera terminar volviendo al ejemplo del fútbol. Mientras termino de escribir este articulo, todavía suenan los ecos de la clasificación de Uruguay al mundial de Sudáfrica 2010. Días atrás, Uruguay disputó con un dignísimo papel el Mundial sub 20, y también el Mundial sub 17. En estos días se está disputando la clasificación al Mundial sub 15, y es probable que también allí vayamos. No deben ser muchas las selecciones que tienen presencia en todas las categorías. Y Uruguay está allí. El presente da para soñar. El sueño del 2030 comienza hoy.
Javier Pereira
* En homenaje a Horacio Penengo y a su testimonio de autenticidad. Lo extrañaremos.
1 La idea de este articulo está inspirada en una presentación de César Aguiar sobre la formulación de escenarios futuros en Uruguay.