En los primeros días de octubre estuvo entre nosotros el P. Walter Jara, cordobés por nacimiento y educación, a quien Don Chávez confió el cuidado de la Inspectoría de Paraguay. El motivo principal de su estada en nuestra patria fue poder hablar personalmente con los tres jóvenes paraguayos que comparten la experiencia del teologado salesiano de Uruguay y con sus formadores. El Boletín Salesiano aprovechó su presencia para dialogar con él.
- P. Walter, en Uruguay nosotros conocemos muy poco, debemos decirlo, las características de la iglesia paraguaya. La historia nos habla de la época de las Misiones Jesuíticas (ilustrada posiblemente con ideologías subyacentes- por la película La Misión); sabemos que luego esas comunidades fueron transformadas o reemplazadas por las Reducciones Franciscanas. Hace cincuenta y cuarenta años, desde aquí, parecía que la Iglesia paraguaya fuera “salesiana”. Y, ¿ahora? ¿Cómo describirías a la Iglesia Paraguaya actual? ¿Qué señas ofrece de la impronta jesuita, del paso de los franciscanos, y de la presencia salesiana?
- Desde el inicio de la conquista, franciscanos, mercedarios, jesuitas y dominicos trabajaron en la evangelización en esta tierra. Los mercedarios evangelizaron a los esclavos y los dominicos atendieron las zonas urbanas; franciscanos y jesuitas establecieron las Reducciones en las que lograron la exoneración de la encomienda. El imaginario popular, sobre todo desde la mirada desde fuera, relaciona Paraguay con la gesta de las reducciones jesuíticas, pero es necesario subrayar que la presencia franciscana se ha desarrollado en una geografía más vasta y ha configurado profundamente, y hasta hoy, las expresiones religiosas de las poblaciones rurales.
El obispo franciscano Martín Ignacio de Loyola convocó al primer Sínodo del Paraguay y del Río de la Plata, en 1603. Preocupaba la situación de injusticia en la que se hallaban los indígenas. Este Sínodo ofrece el primer documento social de la Iglesia Paraguaya, pues denunciaba los abusos cometidos contra nuestros nativos, y en su redacción trabajaron notables religiosos como San Roque González y Luis Bolaños. Este Sínodo adquiere relevancia si recordamos que las relaciones Iglesia - Estado estaban regidas por el Patronato Real.
En el periodo independiente, la Iglesia pasó del Patronato Real al Patronato local: los gobernantes paraguayos se atribuyeron potestad sobre la Iglesia. Los primeros gobiernos, por desconfianza a los religiosos, ordenaron que éstos se hicieran del clero secular, pues sería más fácil controlarlos a través de un obispo. Esto ocasionó la partida de quienes rechazaron la medida y sobrevino, entonces, una época de ausencia obligada de los religiosos en Paraguay. Encomienda primero y Patronatos después ataron, de alguna manera, a la Iglesia al poder político. Ésta es una lección de la historia para nuestro presente: cuando la Iglesia estuvo lejos del poder político, pudo ser más fiel a su vocación profética y evangelizadora.
Después de la guerra de la Triple Alianza, la pobreza reinó en el devastado territorio del Paraguay. Hasta la Iglesia quedó sin jefe: el último obispo había sido fusilado en plena guerra. Fue en esos años que Don Bosco recibió el pedido de enviar a sus hijos “al lejano y necesitado Paraguay”. Algunos salesianos hicieron visitas esporádicas y el mismo Mons. Lasagna fue enviado con la misión de encontrar un nuevo obispo. Por fin, en 1896 Don Rua mandó a los cuatro fundadores de la presencia salesiana en Paraguay. Los tiempos fundacionales no fueron fáciles, incluyendo una expulsión temporal, pero el espíritu salesiano sintonizó rápidamente con el estilo paraguayo. Don Bosco, en sus hijos, se hizo simpático y atrayente por su dedicación a los jóvenes pobres y al pueblo, su cercanía y la devoción mariana.
Durante el obispado de Juan Sinforiano Bogarín (el joven obispo propuesto por Lasagna…) hubo un reflorecer de la vida religiosa en nuestro país con la llegada de numerosas congregaciones, tanto femeninas como masculinas. En las primeras décadas del siglo XX, los salesianos y los Oblatos de María Inmaculada se instalaron en el Chaco Paraguayo para evangelizar a los indígenas de aquella región, y luego, de a poco, se fueron sumando otras familias religiosas para fortalecer esta acción evangelizadora. Al mismo tiempo, otras familias religiosas, tanto femeninas como masculinas, comenzaron a afincarse en la Región Oriental para trabajar en las poblaciones indígenas.
Un hecho que marcó la historia reciente fue el gobierno de Alfredo Strossner, que asumió el poder en 1954. El suyo fue un régimen dictatorial, en el cual surgieron tensiones entre la Iglesia y el Estado. Muchos religiosos y religiosas se negaron a legitimar el orden establecido y se comprometieron con los desterrados, los presos, los torturados, los perseguidos y los familiares de víctimas de la dictadura. A estos religiosos el gobierno stronista les respondió con exilio, encarcelamiento y torturas para acallar sus voces. Otros religiosos, sin embargo, tuvieron una postura menos comprometida y se acomodaron a la situación. Durante el obispado de Mons. Ismael Rolón, salesiano, la Iglesia logró unidad de criterios para emprender ciertas acciones que terminaron debilitando al régimen stronista. En este contexto un elemento de gran valor simbólico fue la visita de Juan Pablo II a Paraguay ya que, en el sentir de la gente, jugó un rol fundamental en la caída del régimen.
Lo demás es muy reciente… El triunfo electoral del ex obispo, Fernando Lugo expresó el deseo de un cambio profundo, pero al mismo tiempo abrió una etapa de incertidumbres y de decepciones. La identidad y misión de la Iglesia se han visto comprometidas y cuestionadas y es innegable que hubo un avance del relativismo respecto de la figura de sus pastores. Mientras tanto, los Obispos han realizado un plan pastoral a partir de la consulta eclesial “Habla señor, que tu Iglesia escucha” y se intenta la aplicación de Aparecida y la puesta en marcha de la misión continental.
- Actualmente, nuestras inspectorías han vuelto a reunirse en esta experiencia de un estudiantado teológico. No es algo nuevo, porque en los tiempos antiguos ambas patrias integraban una sola inspectoría, y más tarde, luego de la división, hubo otra experiencia de teologado internacional aquí, en el viejo Manga, con integración de paraguayos, argentinos y uruguayos. ¿Cuáles son los motivos y valores que movieron a los superiores de ambas inspectorías a comenzar esta experiencia?
- La pregunta admite dos respuestas. La primera es coyuntural: la Congregación impulsa decididamente la creación de comunidades formadoras más consistentes en número de formandos y formadores y para ello anima a crear y reforzar experiencias interinspectoriales. Es cierto que ninguna inspectoría puede hoy pretender responder a las necesidades formativas teniendo todas las fases en su propio territorio.
La segunda respuesta es más de fondo: la inculturación de la formación salesiana es un valor que tenemos presente y debemos custodiar. Sin embargo, éste no es un valor absoluto. Nosotros somos parte de una Congregación que nos pone al servicio de la Iglesia universal; el espíritu misionero está en nuestras raíces; vivimos en un mundo global; valoramos la interculturalidad…
Desde el 2009 uruguayos y paraguayos estamos compartiendo el “Teologado”. Vivimos esto con alegría y gratitud. En Paraguay, esta iniciativa ha sido muy bien recibida, entre otras cosas porque muchos paraguayos vivieron lindas experiencias salesianas en el Manga y porque insignes hermanos uruguayos trabajaron en el Chaco paraguayo. Más de uno señaló la benemérita figura del P. José Domingo Molas, héroe en la guerra del Chaco que trabajó más de treinta años en esta tierra, como un “signo” de nuestra comunión.
Nos hemos sentido desde el primer día “en casa”. Revivimos una larga y hermosa tradición de comunión entre nuestras Inspectorías; el enriquecernos mutuamente es mucho más que una expresión retórica: lo vemos en los frutos incipientes y miramos el futuro con mucha esperanza. ¿Quién dice que no podría ser el inicio de una colaboración fecunda también en otras etapas formativas y experiencias pastorales?