Biblia |
Las parábolas de Jesús
|
In principio, a poco de crear el mundo, Tata Dios se comunicaba cara a cara y clarito con Adán y Eva, y todo fue bien hasta que nuestros primeros padres se cortaron solos. “¡No van a poder conmigo; igual nos vamo’ a entender!”, se dijo el Señor; tras varios intentos infructuosos, esperó el mejor momento. Y cuando la cosa estuvo madura, “envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley”1. Y aquí comienza mi parábola. Los más veteranos quizás reconocieron las palabritas “In principio”, que hace más de 40 años escuchábamos siempre, porque dan comienzo al cuarto evangelio, con el que finalizaba cada Misa2. El asunto es que, cuando el evangelista escribió, lo hizo en griego, y arrancó poniendo en arjé equivalente al ya conocido in principio. Aunque para nosotros parezca igual que “al comienzo”, no significa lo mismo: comienzo habla de tiempo; principio puede hablar de tiempo o de razón de ser y de obrar. Una persona no actúa por sus comienzos, sí por sus principios. ¿No te parece? Como el evangelista escribió en griego “en arjé = in principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios”, la primera buena noticia es que en el ADN de Dios está comunicarse, hablar con nosotros. Y el texto sigue enseñando que “en la Palabra estaba la vida y que la vida era la luz verdadera que brilla en las tinieblas para iluminar a todo hombre llegado a este mundo”. ¡Agradecé que dejé alguna cosita afuera! Porque, mirá que amontonó ideas en una sola frase, el evangelista ése! Dice que cada persona como vos y como yo, pa’no extraviarse en las tinieblas, es iluminado por la vida que estaba en la Palabra. Vida que ilumina en las tinieblas porque éstas no pudieron oscurecerla. Vida Luz Palabra que, estando en este mundo, su casa, fue rechazada por su gente, aunque los que la recibieron tuvieron la gracia de ser hechos hijos de Dios. ¡Mucha teología pa’ que un pobre tipo como yo intente explicarla! Así que agarrá una buena Biblia, con anotaciones, y leete y releete este arranque del evangelio de Juan. Te va a decir mucho, seguramente. Lo que yo pude sacar es esto: Dios quiere entenderse con nosotros, y para eso fue como tanteando caminos. Imaginate que estás loco de amor por alguien y se lo querés decir. Al rato, te das cuenta que no te entiende: padece sordera, habla otro idioma, ¡yo qué sé; imaginate! Buscás todos los caminos, todos los recursos. Lo mismo le ocurrió a Dios con nosotros. Y cuando se dio cuenta que no pasaba nada, que no lo entendíamos o que no lo queríamos entender, se jugó todo: Él mismo adoptó nuestra forma de ser y de hablar, para decirnos tooooodo lo que nos quiere. “Y la Palabra se hizo ‘humano’ y se vino a vivir con nosotros”. ¿Te das cuenta? Para decirnos “te quiero”, fue un bebé, tomó teta, aprendió a gatear, a caminar y a hablar como nosotros. Creció como nosotros, agarró nuestro lenguaje y nos dijo… No, mejor; no nos dijo, nos MOSTRÓ cuánto nos quiere: “hasta la muerte, y muerte de cruz”3. ¡Aleluia! Y así hemos llegado a diciembre, el mes de la Navidad. Si Jesús hoy anduviera entre nosotros como estuvo hace 2000 años, chatearía, mandaría SMS y hasta tendría su blog personal. ¿Por qué no? O quizás me equivoque. Pero en lo que no podría equivocarme es que el misterio de nuestra salvación principia por las ganas tremendas que tiene Tata Dios de querernos y hacernos suyos, a cada uno de nosotros. Misterio que comienza con la creación y se va haciendo concreto a lo largo de la historia; y que estalló en torrente de amor divino vivido a la manera humana en el misterio de la Palabra hecha hombre. ¿Y querés saber algo todavía más admirable? Como palabra actual de su amor, hasta el fin del mundo, ¡nos dejó a nosotros! ¡Feliz Navidad!
|