Codo a codo con Don Bosco

La puntada y el nudo


Hay gente que no deja huella. Los otros vuelcan lo bueno que recibieron. Casado, 4 hijos, dos nietos y 54 años de edad. Es funcionario en la Dirección Nacional de Aduanas y ejerce su profesión de Asistente Social en el Centro Pastoral María Auxiliadora de Rivera.

- ¿Cómo te comprometiste tanto con la Familia Salesiana?
- Un día del ’74 mi primo Nelson de Assis me invitó al grupo juvenil que animaba el P. Cacho en “El Salesiano”. Su sencillez, amistad, conocimientos y compromiso me cautivaron e hicieron conocer a Don Bosco, que pasó a ser parte de mi vida y que hoy me sigue sacudiendo. Desde entonces y con intervalos, hasta su muerte en el ’92, seguimos compartiendo con el P. Cacho trabajos, sueños, fe y amistad.
Por el ’78 llegó otro párroco, Bruno Zamberlan, quien me impulsó al protagonismo entre los jóvenes y como ciudadano. Con él trabajé como catequista, animador de adolescentes, y terminé como delegado diocesano en el Equipo Nacional de Pastoral Juvenil, dirigido entonces por Jorge Techera.
Era un tiempo fermental, como dicen… En plena dictadura, aquellas primeras Jornadas de la Juventud convocadas por Mons. Nicolini y organizadas por nuestro equipo, fueron experiencias muy fuertes de formación y compromiso con el nuevo amanecer que necesitaba la patria.

- Así arrancaste, ¿y después?
- Cuando vine a estudiar en Montevideo me vinculé a la parroquia de Talleres Don Bosco, cuyo párroco era el Pepe Somma, un cura sensible, reflexivo, profundo, comprometido. En esos años, me di el gusto de volver a trabajar con Cacho, colaborando en la creación formal de la Organización San Vicente – Obra Padre Cacho. Mi amor por los salesianos y la cercanía de la obra de Cacho con la sede de Tacurú, me permitieron conocer a dos fenómenos: José Tejero y Mateo Méndez. Ellos me hicieron ver una forma de trabajar en lo educativo pastoral hecha desde lo cotidiano, muy comprometida con los más pobres y postergados.
¡Qué querés que te diga? Yo me siento muy agradecido a todos los hijos de Don Bosco, religiosos o laicos - como la Sra. Alba Caffa, de la parroquia de Talleres - que me permitieron compartir su ruta en la aventura de ser educador salesiano, animado por Don Bosco y María Auxiliadora. Como canta Sui Generis “tuve muchos maestros de quien aprender.”

- Y después de tantos maestros, como decís, ahora sos el coordinador de la obra de las salesianas en tu tierra…
- Sí, porque las Hijas de María Auxiliadora confiaron en mí y me dieron la oportunidad de ser coordinador de su obra, y lo más gratificante, su hermano en este caminar juntos. Con ellas aprendí más sobre la vida y a la pedagogía de Don Bosco. Ellas me mostraron el significado de Madre Mazzarello, que enriquece la identidad y el carisma de la Familia Salesiana.
Hace 14 años trabajo con ellas, convirtiendo sueños en acciones concretas que ofrecen a nuestra gente un ambiente adecuado para educarse, socializar y formarse en los valores cristianos. Todas, conocidas en Rivera o en algún encuentro, pero en particular Martha Franco, Gloria Bermúdez, Candida Riva y María Ángeles López, me permitieron reafirmar que el valor de la vida está en la entrega, en la disponibilidad y en la construcción comunitaria. Y más en especial, destaco a mi querida hermana Arantxa, con quien construimos codo a codo muchos proyectos. Ella me supo motivar y comprometer, con amabilidad, confianza y visión de futuro. Toda la comunidad, y en particular ella, sostiene mi tarea y la de los compañeros y compañeras, con quienes comparto lo cotidiano para que nuestra gurisada sea feliz, ahora y siempre.

- ¿Por qué dijiste que Don Bosco hoy te sigue sacudiendo?
- Es que la visita de las reliquias de Don Bosco a Rivera fue una experiencia maravillosa, vivida con mi comunidad y mi familia. Fue indescriptible, sentir y vibrar con el Padre y Maestro de la juventud, de quien hablo en los Buenos Días o en las Buenas Tardes… Estar frente a él… No me quedaba más que escucharlo en lo íntimo de mi corazón, y renovarle mi compromiso como dice la canción, “me quedaré a tu lado, Don Bosco, mientras me quede aliento”.

Éste que, cantando, renovó su compromiso con Don Bosco, se llama Claudio Omar Machado Acosta.

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