Nuestras obras

¡Qué gran tarea!
COORDINAR LOS ORATORIOS

Volver a Don Bosco, descubrir su vida y su misión, significa explorar el corazón de su obra: el Oratorio. Pero, ¿qué es el oratorio? Es un rostro visible de la iglesia misionera, en Uruguay y en el mundo. Es una propuesta educativa y evangelizadora propia del carisma salesiano, que atiende a niños, adolescentes y jóvenes de ambientes populares, en situación de “riesgo social", como hizo Don Bosco con sus muchachos. Su sueño, el famoso “sueño de los 9 años” se concretó por primera vez hace más de 160 años.



El 12 de abril de 1846, el joven sacerdote encuentra para su sueño un lugar definitivo en Valdocco, un barrio muy pobre de las afueras de Turín. Allí, con una humilde capillita (casi un galpón) y un patio, el Oratorio se implanta, crece y desborda por todo el mundo. Tan sólo 30 años más tarde, llega al Uruguay.

La actividad oratoriana es una expresión del don de la predilección por los jóvenes más pobres, según el estilo del Sistema Preventivo. Es también expresión de fe y de alegría, fundada sobre la presencia del Señor en nuestra vida, en la materna asistencia de María Auxiliadora y en la comunión de los corazones.

Descubrir el corazón oratoriano es volver a Don Bosco. Es encontrar las ganas, el entusiasmo y el deseo de hacer el bien a los jóvenes, aplicando el sistema salesiano a fondo, haciendo experimentar la ternura de Dios, como ha sabido hacerlo él, Padre y Maestro de la juventud.

¡El Oratorio es el corazón de Don Bosco! No es sólo una idea, una iniciativa, una estructura. Es el corazón de cuantos saben darse por entero y vivir la vida con alegría “hasta el último aliento”. En esa pasión educativa por los jóvenes, en esa vida entregada en función de su realización humana y cristiana, en ese darse gozoso sin cálculos ni límites, está el secreto del Oratorio de ayer y de hoy.

¿Cuál es la realidad actual de los oratorios en Uruguay?
El corazón de Don Bosco se ensanchó hasta llegar a estas tierras. Aquel sueño de los nueve años dio sus frutos. Hoy en día, los Oratorios y Centros Juveniles se extienden por todo el mapa de nuestro país, totalizando unos 30 centros de promoción que dependen de las distintas presencias salesianas. En general, cuentan con el apoyo de vecinos, amigos, padrinos y feligreses de las comunidades locales, pero su subsistencia económica requiere de más ayuda. Por eso, desde hace muchos años, el grupo de señoras de la Boutique “Mamá Margarita”, destina la recaudación anual del bazar para solventar los gastos y necesidades de los Oratorios, principalmente los campamentos. Es que el espíritu oratoriano también se coló en ellas, que de esta forma participan, como voluntarias, en la misión de Don Bosco.

Más allá de las dificultades económicas, de las alegrías y las fatigas, el corazón oratoriano late con fuerza. Los Oratorios de la zona metropolitana se nutren con la contribución y la entrega desinteresada de más de 250 animadores y encargados, laicos y religiosos, que continúan apostando por esta misión, con la misma generosidad que Don Bosco.

¿Quién anima a los que animan?
El Equipo Inspectorial de Oratorios (EIO) es el responsable de animar y coordinar la propuesta oratoriana. Es un ámbito de reflexión integrado, actualmente, por el P. Ney Correa, quien sucedió como responsable al P. Amílcar Visentini, un estudiante de teología paraguayo, Juan Ángel Segovia, y los jóvenes Nicolás Campón y Natalia Casco. El EIO convoca anualmente a dos o más Asambleas de Encargados, para reflexionar, coordinar, unificar criterios y definir las principales líneas de acción que implican a todos los centros.

En la zona metropolitana existe, además, otra instancia encargada de promover e integrar actividades de los Oratorios de Montevideo y Las Piedras: la Coordinadora Metropolitana. En ella participan delegados de 20 centros, para compartir experiencias, formación permanente y preparar los encuentros de oratorianos.

¿Qué hace la Coordinadora Metropolitana?
La Coordinadora se reúne semanalmente en la Casa Inspectorial, para socializar proyectos y materiales, planear propuestas, y reflexionar sobre la vida de los oratorios y sus actividades. Otras tareas suyas muy importantes son la formación de los delegados y la convocatoria a animadores de grupos de diversas edades, para integrar comisiones que organicen los encuentros masivos de cada sector: “medianos”, “grandes” y “jóvenes”.

En la Coordinadora Metropolitana, cada delegado debe tener más de un año de experiencia como animador y contar con el respaldo de su equipo y de la comunidad salesiana en la cual está comprometido. Los cinco oratorios de Las Piedras y los cuatro del Juan XXIII, han constituido sus propias coordinadoras locales, que también delegan a un representante a la Coordinadora Metropolitana. Cada delegado es el nexo entre el grupo que representa y el resto de los Oratorios Metropolitanos. Él debe transmitir la visión y el pensamiento de su centro, informar y consultar, motivar y asegurar la participación de los animadores de equipo en las comisiones y en otras actividades de la Coordinadora.

En síntesis, la Coordinadora es el motor que da vida al corazón de la actividad oratoriana; es el engranaje que da unidad y coherencia a su marcha.

¿Qué proyectos tiene la Coordinadora?
En estos últimos meses la Coordinadora comenzó un proceso de maduración impulsado por el EIO y respaldado por la última Asamblea de Encargados. La idea es “cambiarle la cara” y hacerla más ejecutiva, sin quitarle su carácter informativo-formativo, y de comunicación y reflexión. Con esa finalidad, planean aumentar la frecuencia de las Asambleas, y la participación de coordinadores y encargados en las reuniones periódicas. Así, la vida de los Oratorios se retroalimentará con la reflexión permanente y se podrán elaborar proyectos comunes de fortalecimiento. Además, en el calendario de la coordinadora quedarán incorporadas otras instancias formativas específicas para los animadores de cada división. Ésas son sólo algunas ideas de las que se manejan.

Salir al encuentro…
Sin duda, la planificación de los encuentros constituye un gran mojón en el trajín de la Coordinadora. La pedagogía de la fiesta, de la alegría del encuentro, es uno de los elementos más vistosos del Oratorio. En la mente y en la praxis de Don Bosco, las fiestas son cuidadosamente distribuidas a lo largo del año oratoriano como etapas de un camino formativo. Por eso, se realizan tres jornadas de integración para oratorianos: el encuentro de Centros Juveniles, que reúne alrededor de 100 jóvenes, el de oratorianos “grandes”, que nuclea a más de 250 adolescentes, y el más masivo de todos, el de oratorianos “medianos”, en el que participan cerca de 600 niños. A estos encuentros se suma la ya tradicional función de cine en Maturana, en las vacaciones de invierno, que convoca alrededor de 500 gurises. Encontrarse: ésa es la magia. El encuentro con los jóvenes es la fiesta de los brazos abiertos; manos que acogen y se entregan con verdadero fervor salesiano.

Un sueño, una misión… ¿Un desafío?
La Coordinadora, como el Oratorio, tiene algo de casa, algo de escuela, algo de parroquia, algo de comunidad; elementos fundamentales que aún hoy constituyen un desafío y un programa para todas las presencias salesianas.

La Coordinadora busca ser comunidad que se interesa y participa en la vida de los jóvenes para crecer junto con ellos y para experimentar la alegría nacida de la confianza y la colaboración entre animadores y chiquilines y entre los distintos Oratorios. El sueño, la misión, el gran desafío de los Oratorios Metropolitanos es, como dice la canción, “hacer realidad lo que Juan soñó”.

Nicolás Campón
(secretario del EIO)

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