30 días


¿DECIDISTE VIVIR ENTRE LAS ARMAS?

Hace unas semanas el “caso Feldman” puso de manifiesto la realidad, muchas veces oculta, de la existencia de armas en manos de civiles. Esta vez tuvo repercusión por su cantidad y porte, pero el hecho constituye un nuevo llamado de alerta hacia la peligrosidad del armamento fuera de control. Las cifras van y vienen; la información no es transparente… Pero todo indica que cada 3 uruguayos hay 1 arma, convirtiéndonos en el país más armado de América Latina, incluso aquellos donde los conflictos armados podrían considerarse como una motivación.
Lo cierto es que nos estamos hiriendo, amenazando y matando entre quienes nos queremos, porque está probado que los incidentes ocurren entre personas conocidas, familiares y amigos, más que en hechos delictivos. También está probado que los uruguayos compramos las armas porque nos sentimos inseguros y que estaríamos dispuestos a entregarlas si esa sensación desapareciera. Es que nos sentimos inseguros, pero la responsabilidad corresponde a nuestros gobernantes. La seguridad es tarea del Ministerio del Interior y es éste quien debe dar respuesta.
Los ciudadanos no debemos hacer justicia por mano propia, ni para amenazar ni para matar, aún utilizando nuestro derecho de defensa. Ejerzamos nuestros derechos exigiendo lo que nos corresponde: vivir en paz y con seguridad. Pero no llevemos armas a nuestras casas. No hagamos el trabajo de otros.
Un arma es un instrumento hecho para matar, no para herir. Mientras estamos en nuestro trabajo, el arma queda acompañando a nuestra familia convirtiéndose en un elemento letal que amenaza a niños, deprimidos, enfermos, suicidas. Llevar un arma a casa es introducir la violencia al hogar. Cuando llegue el momento de usarla, dudaremos y se convertirá en nuestro punto débil. No estamos preparados para matar, para ver sangre, para herir o que nos hieran…
Todos sabemos quién tiene armas entre nuestros familiares y amigos. Quizás no las quieran devolver, mientras crean que son necesarias. En el ínterin, motivémoslos a que se capaciten, que asistan a clubes de tiro, que realicen entrenamientos de autodefensa y, sobre todo, que cambien su actitud. No sólo el “hombre de la casa” sino TODOS aquellos que conviven con ese flagelo. Y cuando quieran devolverlas, el número es el 3540326.

Gustavo Guidobono



POBLACIÓN Y CALENTAMIENTO GLOBAL

Entre el 15 y el 18 de noviembre se desarrolló en Kampala, capital de Uganda, la Conferencia Internacional sobre Planificación Familiar. Auspiciada por el Fondo de Población de Naciones Unidas y con el apoyo económico de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad John Hopkins de Estados Unidos, fue noticia por sus conclusiones, entre las cuales destaca que una causal central del calentamiento global es el exceso de población mundial y que la planificación familiar y el control de la natalidad deben ser estrategias para su disminuir este calentamiento. Así, en su informe, el Fondo de Naciones Unidas para la Población recomienda que una “disminución de las tasas de fecundidad permitirá reducir la emisión de gases de efecto invernadero a largo plazo”.

A la vez, la mencionada Escuela Bloomberg considera que la experimentación en técnicas anticonceptivas es una de las áreas de investigación con mejor relación costo-beneficio. En buen criollo, es uno de los sectores que genera el mejor nivel de ganancias en relación al dinero que en él se  invierte. Evidentemente, las acciones que se promueven generarán lucrativos ingresos a los laboratorios.

Resulta paradójico que un organismo de Naciones Unidas considere a la sobrepoblación como causa directa del calentamiento global y no haya ningún organismo que con igual firmeza considere como causa de este problema al abuso de producción y consumo en los países desarrollados. También paradójico, pero no casual, es que estos anuncios se realicen en uno de los tantos países subsaharianos donde la pobreza es extrema y la tasa de vida supera escasamente los cuarenta años.

Estas nuevas políticas de natalidad difícilmente se apliquen a europeos o norteamericanos nativos; seguramente, los objetivos de estas políticas serán los países subdesarrollados y los grupos étnicos “de riesgo” que, a través de la emigración, han ido aumentando su presencia y preponderancia en Estados Unidos y Europa, como los latinoamericanos, africanos y musulmanes.

Con barniz de preocupación social, los organismos internacionales siguen respondiendo a los intereses corporativos y étnicos de grupos dominantes. Mientras tanto, en Tanzania, la extrema pobreza sigue obligando a expoliar los recursos naturales con las correspondientes consecuencias sobre los biomas, mientras que, como postal al fondo, se ven las nieves que desaparecen inexorablemente de las cumbres del Kilimanjaro.

Humberto Gutiérrez Regal


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