
A los quince años nadie quiere quedarse solo. Por eso, siguiendo a sus amigos, entró al grupo parroquial. Una mamá muy devota, un padre ateo, y seis hijos en un hogar romano donde no se hablaba mucho de religión. Él es el quinto. En la parroquia se encontró con el p. Hilario Spera, que todavía vive. Él lo entusiasmó para seguir a Don Bosco. Tres años más tarde, en 1972, con el entusiasmo de su primera profesión religiosa, llegó a Chile como misionero.
El Card. Raúl Silva Henríquez lo ordenó presbítero en Santiago, en 1982, el mismo año en que aprobó su bachillerato teológico. Pasó por distintas obras, entre las que destaca las que trabajan con niños de la calle, y realizó diversos cursos de educación y pastoral. Fue director, consejero inspectorial, vicario y provincial en dos oportunidades: de 1995 a 2000, y desde 2006 hasta su elección como Consejero Regional. El día que cumplía 53 años llegó a Uruguay para conocer la comunidad inspectorial y consultar a los hermanos para la elección del próximo p. Inspector. También dialogó con el BS. Es el p. Natale Vitali.
- ¿Qué hace un Regional?
- En primer lugar, forma parte del Consejo General, y ayuda al Rector Mayor en el gobierno de la Congregación. Como consejeros vinculados a una región, permanecemos cuatro meses del año en Roma, ordinariamente mayo-junio y diciembre-enero, y el resto del tiempo, visitando las comunidades e inspectorías que se nos han confiado. La Región América Cono Sur está formada por dos Conferencias Interinspectoriales: la CISBRASIL, que reúne las seis inspectorías de Brasil; y la CISUR, formada por Chile, Paraguay, Uruguay y las cinco inspectorías argentinas.
Se ha pedido que los Regionales visitemos cada inspectoría dos veces al año. Tanto movimiento es para mantener y reforzar los lazos dentro de la Región. “¡Lazos, reforzar lazos!”, nos ha recomendado el Rector Mayor en las reuniones del Consejo General posteriores al Capítulo General 26. Para el período anterior se hizo una programación muy detallada, un libro así -hace un gesto- que nadie leyó. Esta vez, la programación se reduce a una carilla y media.
Otra tarea es facilitar la reorganización de la presencia de los salesianos en Argentina, en sólo dos inspectorías. Es una tarea difícil por las dimensiones y las características del país, y por la historia de los hermanos en esa nación. Cuando corresponde, como en esta ocasión, tengo que realizar la consulta a cada hermano de las inspectorías sobre quién creen que sería su mejor p. Inspector, pidiendo que enriquezcan su opinión con una visión general de la realidad y los motivos de su propuesta.
- Ud. recién ha comenzado a servir a sus hermanos y a la Iglesia en esta tarea. Si pudiera elegir, ¿en qué campo de acción le gustaría trabajar?
- Volvería a trabajar con los chicos de la calle. Es un trabajo sumamente válido y necesario. El sistema preventivo tiene mucho para dar y para hacer por ellos. Te comparto un ejemplo que traigo de Chile: en mi país, el programa más exitoso para rehabilitar muchachos esclavizados por la droga es el “Proyecto Don Bosco”, que llevamos adelante los Salesianos. Ahí hay mucho acompañamiento, mucho amor personalizado y mucho trabajo profesional de educadores y psicólogos. Pero ¡ahí no se usa un fármaco! ¡El afecto es efectivo! Y te hablo de niños, adolescentes y jóvenes; te hablo de familias y de hombres a los que hay que reinsertar. Y la gente se cura. Te repito: nuestro programa, nuestro sistema educativo, ofrece la mejor respuesta de todo el país a ese problema. Es cierto que podemos mejorarla, pero esto es una realidad.
- ¿Qué espera dejar al fin de estos seis años?
- Quisiera celebrar el bicentenario de Don Bosco, “como Don Bosco y con Don Bosco”. No espero muchas fiestas. Quiero que recuperemos su pasión apostólica. El mejor festejo sería que todos, los salesianos, los jóvenes, los laicos, sintiéramos que nuestro corazón se inflama con su misma pasión… La de un sacerdote diocesano que siguiendo dócil y generosamente al Espíritu Santo, se convirtió en sacerdote de los jóvenes.