Nuestras obras

MORNÉS DE AMÉRICA


Quizá el título de esta nota pueda parecer una ambigüedad. Pero no lo es. Las seis primeras hermanas que llegaron a Villa Colón en 1877 solían repetir en sus trabajos, oraciones y costumbres: “Así se hacía en Mornés... Y, por tanto, así tenemos que hacerlo en Villa Colón”. Con la experiencia de las primeras misioneras, quedó marcado a fuego, en nuestros ambientes, el espíritu de los orígenes, que no se ha borrado con el paso del tiempo. Así se fue gestando el Mornés de América.

La Hna. Angela Vallese, que venía al frente de la primera expedición misionera, trataba de revivir, junto a las demás compañeras, la rica experiencia que habían tenido en el Colegio de Mornés, al lado de nuestra fundadora, la Madre Mazzarello: disfrutaban el espíritu de familia vivido en comunidad, la misión como tarea evangelizadora, el sentir y hacer sentir el amor de Jesús que las impulsaba a dar la vida por las chicas del barrio, que en aquel tiempo se abría a la inmigración y al progreso; y el amor entrañable a María y a Jesús en la Eucaristía, como centro de sus jornadas.

EL PROYECTO DE ESPIRITUALIDAD MISIONERA
Hoy más que nunca, podemos llamar a esta casa Mornés de América, no sólo porque se la conoce así en todo el mundo, sino porque hemos comenzado a preparar y vivir el Proyecto de Espiritualidad Misionera, que hoy ya es realidad. También porque hemos podido recuperar algunos ambientes de la casa, que nos hablan por sí solos de aquella historia de aventuras evangélicas y del amor con que vivieron las primeras Hermanas.

La visita de la Madre Antonia Colombo al sur de Chile, con motivo de la Fiesta de la Gratitud de 2002, suscitó en ella el deseo de que todo el Instituto aprovechara esta riqueza misionera. Al terminar el Capítulo General de ese año, la Madre hizo un llamado a la Conferencia Interinspectorial del Cono Sur de América Latina (CICSAL) para hacer el lanzamiento de un proyecto de espiritualidad misionera.

La Hna. Ciri Hernández, Coordinadora Mundial del ámbito Misiones -que estuvo recientemente en Uruguay- envió una carta a las provinciales de la CICSAL expresando el pensamiento de la Madre y el Consejo: brindar apoyo y acompañamiento a las iniciativas que surjan y confiar el Proyecto al ámbito de la misión Ad gentes. En otra de sus cartas, señala: “Queremos comenzar a poner en marcha con Uds. la reflexión sobre el ‘Proyecto de Espiritualidad Misionera’, recordando que la propuesta de la Madre, en las reuniones del Capítulo General XXI ha sido aceptada por Uds. y ratificada con alegría. Les auguramos que este nuevo germen de vida, sea fecundado por el Espíritu para una misionariedad siempre más auténtica”.

La propuesta fue aceptada con mucho entusiasmo y puesta en marcha a través de un Equipo de Hermanas propuestas por la CICSAL.

EL OBJETIVO y LA PUESTA EN MARCHA
El objetivo del proyecto es “Reavivar en las Comunidades el fuego misionero de los orígenes, reencontrándonos con la experiencia de las primeras hermanas misioneras llegadas al Cono Sur de América”.

Desde 2003, el Equipo de la CICSAL viene realizando reuniones periódicas para reflexionar, programar, distribuir tareas, organizar las diferentes etapas, evaluar, proyectar cada año y... ¡seguir soñando! En nuestra Provincia uruguaya se formó también un equipo de Hermanas sensibles a nuestra historia y a nuestra riqueza carismática, las que se pusieron a concretar esta maravillosa intuición. Gracias a la seguridad de que esta propuesta “viene de lo alto”, y de la vida que se ha puesto en llevar adelante el Proyecto, ya se han podido realizar sus tres itinerarios, que han seguido un íter cronológico dado por las primeras fundaciones. En año 2005 se realizó el de Villa Colón, Las Piedras, Buenos Aires, La Boca y San Isidro. En 2006, Bahía Blanca, Chimpay, Fortín Mercedes, Carmen de Patagones, Viedma y Junín de los Andes. Y este año, Santiago de Chile, Punta Arenas, Isla Dawson, Río Grande, Río Gallegos y Puerto Santa Cruz.

MODALIDAD DE LOS ITINERARIOS
La experiencia trata no sólo de admirar la epopeya que vivieron las misioneras de ayer sino, y sobretodo, revisar nuestras vidas y dejarnos interpelar y desafiar por los nuevos retos que presenta hoy la misión salesiana, y buscar que nuestra presencia sea más significativa y dé respuestas concretas a las nuevas pobrezas de los niños y jóvenes.

Por eso, la modalidad de la experiencia incluye espacios de profundización de contenidos histórico-misionero a través de documentos de la época, momentos personales y grupales de “relectura de los textos”, talleres de acercamiento a la realidad vivida en los orígenes, en confrontación con la que nos toca vivir hoy; celebraciones en lugares históricos, visitas a lugares de valor histórico para la Congregación, entrevistas a personas que aporten su experiencia misionera, visita a las “Salas de la Memoria” que se han realizado en cada país, y reflexión de documentos de valor histórico en clave de inculturación, experiencia de Dios, interculturalidad, visión del Instituto en el pasado y en el hoy, nueva visión de Iglesia, el Instituto después del CG XXI, y la misión “ad gentes” hoy.

VOLVEMOS AL MORNES DE AMÉRICA
Para implementar la experiencia ya realizada en 2005 y para las que vendrán, se han recuperado algunos “lugares santos” de la casa de Villa Colón.

La casita húmeda y fría, donde las Hermanas elaboraban el vino que vendían para poder vivir; y el lavadero donde lavaban hasta altas horas de la madrugada, la ropa de los chicos del Colegio Pío, son testigos de una vida misionera austera y centrada en Cristo. También se han recreado algunas habitaciones que llamamos “Sala de la Memoria”, en el mismo lugar donde las Hermanas dormían, daban clase, catecismo, clases de piano y teatro, y enseñaban a coser y bordar. Ellas nos hablan de la vida cuidada en estos ambientes, donde la santidad, como en Mornés, era vivida en lo simple de cada día. Y la capilla, con el hermoso cuadro que Don Bosco bendijo y regaló a las misioneras para que las acompañara “en tan largo viaje”. Hoy, la hermosa imagen, obra de Giuseppe Rollini, fue llevada a Turín, para ser restaurada. En el fondo de esta capilla centenaria, se han colocado los restos de la Hna. Teresita Mazzarello, nacida en Mornés, misionera de la primera expedición, y de la Hna. Laura Rodríguez, primera vocación de las Hijas de María Auxiliadora en América, a quien Madre Mazzarello dirigió dos hermosas cartas.

LA HISTORIA CONTINÚA
Esta casa histórica está abierta para todos aquellos que quieran hacer una experiencia de oración o unas jornadas de espiritualidad misionera salesiana. Tiene todo el encanto del pasado y toda la fuerza del presente. La propuesta de Aparecida, de ser “discípulos y misioneros” de Jesús, en completa sintonía con nuestro proyecto abierto a toda la familia salesiana, nos convence aún más que es de Dios, y que con la bendición de la Auxiliadora y su Niño sonriente, seguirá dando frutos en la vida y en las comunidades de quienes lo han hecho y lo seguirán haciendo.

Hna. Fanny Serrés fma

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