30 días

CARESTÍA GLOBAL

En las últimas semanas, diversas voces han hablado del aumento de precios de los artículos de primera necesidad, mientras el Gobierno hace esfuerzos por controlar la inflación. Mirando a la región y al mundo, se ve que el tema no afecta sólo a Uruguay. A la ya incontrolable suba de los hidrocarburos, se agregó ahora un aumento de precios de los alimentos que afecta tanto a los productores como a los consumidores. Según el Banco Mundial, entre 2005 y 2007, el precio mundial de los cereales aumentó 80%, el de los granos 70%, y el de los derivados lácteos 90%. En Estados Unidos, grandes cadenas de supermercados han restringido la venta de arroz, mientras la inflación estaría llegando extraoficialmente al 7%.

Los países exportadores son mayoritariamente países en vías de desarrollo, y dependen de la venta de sus materias primas o commodities para obtener ingresos. El resultado es: o se prioriza la exportación, y los habitantes se quedan sin alimentos; o tienen que pagarlos a precios de primer mundo cuando tienen sueldos de tercer mundo.

¿Por qué se llegó a esta situación? No hay que engañarse: los precios de las materias primas no son fijados por los productores sino por las multinacionales que operan en la Bolsa de Wall Street. Incorporar tecnología -como sucede con la soja transgénica- ha generado nuevas dependencias. Tradicionalmente, los agricultores juntaban semillas para sembrar la próxima cosecha; hoy tienen que comprarlas, simplemente porque los productos transgénicos son estériles, y por tanto, dependen de empresas transnacionales para conseguir las semillas.

Otra punta de la madeja es la crisis de los hidrocarburos y la producción de biocombustibles. El año pasado decíamos que un riesgo del desarrollo de estos últimos podía ser el encarecimiento de los alimentos. Y está sucediendo así. La producción de energía a partir de cereales lleva a que los agricultores destinen sus tierras a producir con fines energéticos y no alimentarios, lo que deja menos tierra disponible para la producción de alimentos, con un resultado muy claro: a menor producción, mayor precio.

No pensemos que es una situación pasajera. Más bien, es algo que llegó para quedarse. Jacques Diouf, Director de la FAO, afirma: “No es una situación circunstancial sino estructural, y para resolverla, los países ricos tendrán que cambiar sus modelos de desarrollo”.

Humberto Gutiérrez Regal



¿40 AÑOS DE QUÉ?

Para comprender el momento que vivimos, tenemos que mirar los imbricados hechos del ‘68. Aunque la pobreza y la exclusión aumentan, y la prostitución infantil y las drogas gritan desde el silencio de las montañas y los suburbios de las ciudades, el proceso de fortalecimiento institucional de las democracias de América Latina avanza. No sin dificultades se construye el bloque regional. Las organizaciones de la Sociedad Civil se incorporan a la gestión de los Gobiernos y a los procesos de desarrollo. Continúa la lucha por derechos humanos, inclusión, verdad, justicia, género, transparencia, democratización de la información...

El mayo francés. “La imaginación al poder”. Efervescencia intelectual e ideológica procurando cambiar formas autocráticas de gestión del poder. Desde Nanterre, con protestas duramente reprimidas por la policía, obreros y estudiantes irrumpieron en el escenario político como nuevos actores, con carácter generacional. Un grafitti sentenciaba: “Un hombre no es estúpido o inteligente: es libre o no lo es”. Jóvenes con acceso a la información y trabajadores generadores de riqueza reclamaban participar en los beneficios de las empresas. El 13 de mayo, bajo la atenta mirada del mundo, una huelga general inundó las calles. Casi diez millones de personas hicieron tambalear al gobierno. De Gaulle tuvo que disolver la Asamblea Nacional y llamar a elecciones.

El mundo, bajo el telón de la guerra fría, se incendiaba globalmente. Delante y detrás de la “cortina de hierro” se sucedían multitudinarios rechazos a la guerra de Vietnam y se buscaban caminos alternativos al capitalismo y al socialismo instalado. Manifestaciones y represión. Luchas de liberación del viejo colonialismo o la nueva dominación. Invasiones y golpes de estado. Secuestros, desaparecidos, torturas, guerrillas. La Iglesia Católica, en Medellín, confirmaba su opción por los pobres. Estados Unidos, tras el informe Kissinger, promovía el nuevo modelo religioso de las Iglesias Evangélicas para bloquear el avance de la Teología de la Liberación.

¿40 años de qué? ¿Reforma, rebelión, revolución? Acepto la legitimidad de toda respuesta. Espero que aceptes la mía: 40 años de seguir creyendo en el hombre nuevo -porque los he conocido- y su capacidad de dar la vida por sus ideas o atravesar los oscuros socavones de la degradación humana para resurgir, a pesar del mayo, con la primavera en el corazón.

Wáshington Núñez
Rivera


¿QUÉ HACEMOS?

Cuando Argentina y Brasil decidieron recorrer el camino de la integración, Uruguay y Paraguay reaccionaron de inmediato para incorporarse al emprendimiento. En Uruguay, la cuestión surgía del mandato constitucional, y de la percepción de que el aislamiento de las economías pequeñas condenaban al fracaso cualquier proceso de crecimiento y desarrollo con equidad. De esa incontenible decisión nacional y política de Estado, surgió el Tratado de Asunción, creador del Mercado Común del Sur.

El Tratado prometía un progresivo y equilibrado crecimiento en diversas etapas, que pasarían por la libre circulación de bienes, servicios y personas, en un proceso de libre comercio, unión aduanera, y finalmente, mercado común. Pero tras la firma, las promesas, los discursos y las esperanzas y expectativas, llegaron las dificultades. Yo mismo recorrí, como invitado, varias escuelas y liceos para explicar qué era esa famosa integración. Escribí muchos artículos y me convertí en un esperanzado propulsor de una salida brillante para un país pequeño como el nuestro. Y como yo, unos cuantos... Pero pasaron los años, y tras acuerdos y concesiones a las economías más pequeñas, vinieron los incumplimientos. ¡El golpe feroz de la realidad!

Cada vez que rota la presidencia del MERCOSUR, hay promesas, amagos de cambios, brindis y sonrisas. Pero la realidad es que si bien estos procesos son lentos y progresivos, no se han cumplido. A diferencia de los europeos, que de los primeros seis países fundadores, llegaron a la actual Unión Europea, más fuerte, más equilibrada, avanzando siempre, aceptando nuevos socios.

Con la carne a la vista, las grandes ventajas que podían preverse para Uruguay de una integración regional, hoy continúan estando entre comillas, entre paréntesis o entre signos de interrogación. Se puede elegir la que se quiera, o juntarlas todas. ¡Siempre será así! Declaro mi impericia para indicar cuál es el remedio. Estoy convencido sí, que Uruguay tendrá que hacer todo lo que pueda para afirmar este acuerdo. Es mejor que la nada, y que quedar abandonados a nuestras pequeñas fuerzas. Y estoy convencido, también, que ese avance no lo podrá obtener sólo el sistema político: necesita empuje social.

Es quizá la única forma de procesar una integración aquí, y avanzar haciendo entrar a Chile, Bolivia y Venezuela. Obviamente, el momento actual parece ser uno de los peores para esto. Por eso, lo del título...

Enrique A. Cesio

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