Nuestras obras |
Canelones
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La actual ciudad de Canelones fue fundada en 1759 por un indio peruano que construyó una capilla en honor a la Virgen de Guadalupe, en torno a la cual se instalaron las primeras familias gallegas y austriacas. En 1782 se comenzó a llamar a ese centro poblado, Villa Guadalupe. Artigas instaló allí, en 1813, el primer Cabildo que dirigió el gobierno económico de la Banda Oriental, y Monseñor Jacinto Vera fue uno de sus párrocos ilustres. En este contexto se pueden entender mejor los motivos para insistir por una presencia de las Hijas de María Auxiliadora en la ciudad. El amor a la Madre de Dios, bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, o del Rosario, o del Carmen, estaba en las raíces mismas de la comunidad cristiana, sin desconocer también la presencia de corrientes de pensamiento más pragmático o liberal, propias del sistema ideológico de fines del siglo XIX. Los Salesianos -el p. Lasagna y el p. Cagliero- y las Hijas de María Auxiliadora -la Visitadora Hna. Emilia Borgna y sus compañeras- no desconocían la realidad de este rincón del Departamento de Canelones. Don Lasagna escribía a Don Bonetti, en mayo de 1888: “Le he escrito que el obispo de Montevideo me había pedido a las Hermanas para la cuidad de Canelones, limítrofe a Las Piedras, y le decía que yo se lo concedería, porque las condiciones son óptimas. Está cerca para poder asistirlas. La fundación la hace el Párroco, un tal Letamendi, que estuvo en el Oratorio con Monseñor Yéregui. Por tanto, no nos cuesta nada. Hermanas tendríamos para proveer. Esperaba una aprobación suya a nombre de Don Rúa”. Y en el mes de julio, volvía a insistir, porque el tiempo urgía: “Llegó el día en que el Obispo Monseñor Yéregui, en su Catedral, hizo los funerales por Don Bosco, haciendo intervenir a todo el clero. Volvieron al asalto por las Hermanas, pero respondí que esperaba el permiso de los superiores. Ellos igualmente prepararon la casa, hicieron suscripciones, compraron muebles, imprimieron programas y circulares… Canelones es una cuidad de gente muy buena”. La obra comenzó en abril de 1889, con cuatro Hermanas provenientes de Villa Colón. Se abrió un colegio llamado Nuestra Señora del Carmen, y un oratorio, donde concurrían muchas jóvenes. La Directora era la Hna. Atilia Roma. En la noche del 11 al 12 de noviembre de ese año, la capilla fue incendiada por un grupo de sectarios. Según la crónica de la Casa, “se salvaron milagrosamente el Sagrario y el cuadro de la Virgen”. Inmediatamente se organizó un grupo de colaboradores para construir una nueva capilla, que fue terminada y bendecida en 1903. Según la misma crónica, en mayo de 1891, “a ruego de la Rvda. Madre Visitadora, Sor Emilia Borgna, se cambió el titulo del Colegio, que hasta entonces había sido del Carmen, por el de ‘María Auxiliadora’, y su primera fiesta se celebró el 30 de mayo, con gran concurrencia de niñas y bienhechores, oficiando el Padre Inspector Luis Lasagna”. Un documento que se estima datado en 1909 o 1910 señala que “además de la escuela elemental hasta sexto año, se reciben niñas para costura, bordado en blanco, en oro y en seda”. También se enseñaba música e idiomas. UN PRESENTE CON MUCHA ESPERANZA... Nuestra propuesta educativo-pastoral quiere abrazar esa historia y viajar con los discípulos de Emaús, para que el sueño de la gente de Villa Guadalupe y de tantas Hermanas, se concrete en una propuesta evangélica que responda a las necesidades de nuestro pueblo. El Colegio, ubicado en el corazón de la ciudad, recibe a niños y niñas de la misma ciudad, de la zona rural y del Santoral -las ciudades de Santa Rosa, San Juan Bautista, San Antonio-, de 1 a 12 años, y les regala la posibilidad de construirse como personas y crear comunidades capaces de crecer y ser felices. Y esto no sólo en el tiempo curricular, sino también en el extra curricular, que es muy significativo, y da fortaleza y sentido de identidad y pertenencia a la presencia salesiana en la ciudad. Crecemos juntos en el ámbito académico, catequístico, y asociativo, y en los diversos patios salesianos: en nuestros propios espacios dentro y fuera del Colegio, en los grupos asociativos de niños y adolescentes, en la parroquia, en la plaza, en el espacio virtual, en los talleres de expresión, danza folclórica, deportes y coro; en los paseos mensuales y en los campamentos anuales, en las olimpíadas intercolegiales, en las veladas nocturnas, en los espacios lúdico-celebrativos con las familias. Todas estas propuestas nos permiten crecer no sólo en calidad educativa sino en procesos de humanización, en clima de familia, reciprocidad y comunión. Hermanas y laicos trabajamos insieme, formando equipos que gestionan la presencia desde una búsqueda de animación y gestión circular. Aunque soplen vientos fuertes en el entramado social, cultural y político, seguiremos viajando. Hay muchos hombres y mujeres que quieren conocer y construir el carisma salesiano hoy. No estamos solos, somos parte de la Escuela Salesiana América, somos hijos e hijas de soñadores. Hna. María Luisa Piastri
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