Rector Mayor

Educar con el corazón de Don Bosco
EVANGELIZAR EDUCANDO


“La pastoral de Don Bosco nunca se reduce a la sola catequesis o a la sola liturgia, sino que abarca todos los compromisos concretos pedagógico-culturales de la ‘condición juvenil. Se trata de aquella caridad evangélica que se hace concreta en liberar y promocionar al joven abandonado y descarriado”


El mes pasado pusimos en claro que educar y evangelizar son acciones diferentes, pero que, en la praxis educativa salesiana, no se pueden separar: tienen que completarse y enriquecerse mutuamente.

LA REALIDAD CULTURAL ACTUAL
Todos conocen la situación de la cultura europea y las dificultades que tiene la Iglesia para evangelizar a las nuevas generaciones. En la Europa de hoy, hablar de religión es algo realmente complejo. Frente a las cifras de pertenencia oficial está la praxis personal y la práctica social -bautismos, matrimonios, etc.-, las creencias más profundas, toda una tipología de la experiencia religiosa vivida, que va del creyente convencido y coherente al ateo más radical. Evidentemente los sondeos y las estadísticas no son la última palabra sobre la vivencia religiosa de nuestros contemporáneos, pero no podemos ignorarlas. Los semáforos en Europa están detenidos en rojo. Muchos artículos y ensayos se han publicado en los últimos años sobre el hecho religioso. Y en general son pesimistas.

El Sínodo para Europa, realizado en octubre de 1999, afirmó que “el predominio cultural del marxismo ha sido sustituido por un pluralismo indiferenciado y fundamentalmente agnóstico o nihilista. Es grande el riesgo de una progresiva descristianización del continente, hasta el punto de formular la hipótesis de una especie de apostasía del continente”2.

Es evidente que tanto la práctica religiosa como las creencias son más débiles entre los jóvenes, que viven siempre más alejados de la fe. “Se trata de la faja de población más herida por la secularización ambiental”3. La evangelización se hace cada vez más difícil a causa de esta secularización de los ambientes. La ignorancia religiosa y los prejuicios que los jóvenes absorben todos los días desde ciertos medios de comunicación alimentaron en ellos la imagen de una Iglesia/institución conservadora, que está contra la cultura moderna, sobre todo en el campo de la moral sexual; y por lo tanto, todas las ofertas religiosas son automáticamente desvalorizadas y relativizadas. El drama es la ruptura existente en la cadena de transmisión de la fe. Los espacios naturales y tradicionales -la familia, la escuela, la parroquia- se muestran ineficaces, crece la ignorancia religiosa en las nuevas generaciones, y... continúa la emigración silenciosa extramuros de la Iglesia.

La ignorancia religiosa es casi absoluta. No es fácil definir la imagen de Dios que tienen los jóvenes, pero ciertamente el Dios cristiano ha perdido la centralidad frente a un Dios mediático que lleva a la divinización de las figuras del mundo del deporte, de la música, del cine. Los jóvenes sienten la pasión por la libertad y no se detienen ante las puertas de las iglesias: piensan que la Iglesia es un obstáculo para su libertad.

LA EDUCACIÓN SALESIANA
Frente a esta situación, ¿qué educación ofrecen las instituciones escolares y eclesiales? ¿Por qué la pregunta religiosa se ha borrado del horizonte vital de los jóvenes? Juan Pablo II convocó a la Iglesia a una nueva evangelización lanzada con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones. Adolescentes y jóvenes son generosos por naturaleza y se entusiasman con las causas que valen. ¿Por qué Jesucristo ha dejado de ser significativo para ellos? La Iglesia tiene que aprender los lenguajes de los hombres de todo tiempo, etnia y lugar. Hoy, evidentemente, tiene un “serio problema de lenguaje” que no le permite expresar en formas adecuadas la salvación que Jesucristo ofrece. En el fondo, se trata de un problema de comunicación, de inculturación del Evangelio y de educación en la fe.

La educación salesiana parte de la situación concreta de la persona, de su experiencia humana y religiosa, de sus angustias y ansias, de sus gozos y esperanzas, privilegiando el testimonio en la transmisión de la fe y de los valores. ‘Evangelizar educando’ significa saber proponer la mejor de las noticias -la persona de Jesús- adaptándose y respetando la condición evolutiva del sujeto.

Los jóvenes buscan la felicidad y son capaces de sacrificarse para alcanzar ese objetivo, si le mostramos un camino que los convence y nosotros nos ofrecemos como compañeros de viaje capaces. Los jóvenes estaban convencidos que Don Bosco los quería, que deseaba su felicidad aquí en la tierra y en la eternidad. Por eso aceptaban el camino que él les proponía: la amistad con Jesucristo. Don Bosco nos enseña a ser al mismo tiempo educadores y evangelizadores. Como evangelizadores, conocemos y buscamos la meta: llevar los jóvenes a Cristo; como educadores, tenemos que saber partir de la situación concreta de los jóvenes y encontrar el método adecuado para acompañarlos en sus procesos de maduración.


Pascual Chávez V.

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