Editorial |
VOLVER A DON BOSCO |
Llega agosto. Un mes rico en celebraciones salesianas, en el que la figura de Don Bosco se hace más explícitamente presente en recuerdos, iniciativas y celebraciones que giran en torno al 16 de agosto, día aniversario de su nacimiento. Un mes, también, en el que su vida y su obra aparecen unidas a Santa María Dominga Mazzarello, ya que el 5 de agosto se recuerda un aniversario más de la fundación del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. El ritmo periódico del tiempo nos trae anualmente este tipo de acontecimientos. Podemos ubicarnos frente a ellos de maneras muy diferentes. Desde las más rutinarias y formales, que nos llevan simplemente a repetir palabras, eventos y compromisos mil veces formulados, hasta las más creativas y vivenciales, que nos hacen tomarlos como puntos de encuentro y proyección de futuro, que renuevan fuerzas y entusiasmos carismáticos. Sabemos bien que, para nosotros cristianos, celebrar no es sólo recordar un acontecimiento del pasado, sino volver a hacerlo presente hoy, con toda su fuerza salvadora, para que genere nuevos dinamismos y nuevas oportunidades. Es lo que queremos vivir en este agosto de 2008, en nuestras presencias salesianas en Uruguay. Nuestro esfuerzo creativo puede estar dirigido, quizás, a crecer en la vivencia de uno de los legados más originales y más queridos de Don Bosco: la Familia Salesiana. Tres motivos particulares nos impulsan en este sentido. El primero. El próximo 1º de agosto se celebrará la Fiesta de la Familia Salesiana. La Mesa de la Consulta de la Familia Salesiana ha trabajado mucho para revitalizar esta celebración, intentando que “todos nos sintamos protagonistas y partícipes de ella”, proponiendo actividades previas, y esperando “una respuesta positiva de cada Casa, con la seguridad de que cada uno pueda sentir la fiesta como algo propio, de familia, porque todos colaboramos, y por eso, la podemos disfrutar”. El segundo. Hace pocas semanas se dio a conocer, en adelanto, la Consigna 2009 que propone el Rector Mayor para la animación conjunta de la presencia salesiana en todo el mundo: “Comprometámonos a hacer de la Familia Salesiana, un vasto movimiento de personas para la salvación de los jóvenes”. Y el tercero. Los avances, silenciosos pero efectivos, para dar forma a una nueva presencia, asumida como Familia Salesiana, que esté dedicada a la atención y promoción de los niños en situación de calle. Un borrador interno que circula entre las distintas ramas de la Familia, señala que la misma “intenta darnos un espacio como Familia Salesiana en Uruguay para verificar nuestra identidad carismática, llegando a los destinatarios privilegiados de nuestra misión y de nuestro sistema educativo. Como Familia Salesiana, buscamos dar un paso más en nuestra preocupación por llegar a los últimos, en el servicio a la sociedad y a la Iglesia uruguaya, superando el espacio tradicional de comprensión de la preventividad y de los pobres y abandonados”. Y agrega: “Sentimos que ello surge de la necesidad de ser más fieles al carisma salesiano no sólo por la prioridad de los destinatarios preferenciales, sino por la novedad y verificación que supone para nuestro sistema educativo, dar la posibilidad de que niños y adolescentes, en condiciones de vulnerabilidad y abandono, incorporen ‘la calidez del hogar’ como experiencia gratificante y nueva matriz de sus aprendizajes y relaciones consigo mismo y con el mundo, en la tarea de construir una sociedad más fraterna y solidaria”. Como ante los desafíos planteados en esta misma página el mes anterior: ¡ojalá tengamos audacia, valor y decisión para darles respuesta!
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