Nuestras obras

UNA GRAN FAMILIA

La ciudad de Melo, en el este del país, a 400 km de Montevideo, y a 60 km de la frontera con Brasil, recibió a los Salesianos hace ya 46 años. Durante ese tiempo, la presencia salesiana tuvo rostros bien diferentes. Hoy, los nuevos desafíos generan nuevas iniciativas... Para conocerlas, el BS dialogó con el p. Leonel Burone.

- ¿Cómo es hoy la presencia salesiana en Melo?
- La presencia salesiana en Melo tiene hoy tres sectores. El Liceo “Monseñor Lasagna”, que es una obra muy arraigada en la ciudad. Desde su fundación en 1959, vio pasar diversas generaciones de estudiantes que, como sucede en otras obras, recuerdan con cariño su paso por el “Salesiano”. Dentro de lo posible en el marco de la educación privada actual, es un liceo bastante popular, quizás entre otras cosas por estar ubicado en un barrio. Los “gurises” pasan muchas horas en él; es una referencia mientras son alumnos y para muchos, lo sigue siendo también después: unos continúan como animadores, y otros, aún sin tener ese compromiso, se acercan siempre a saludar, a jugar algún partido o simplemente a pasar un rato.

Otro sector es la Parroquia “Domingo Savio”, una parroquia joven, con apenas 10 años de vida. Atiende una zona que ha crecido permanentemente en los últimos años ya que la ciudad se ha extendido hacia ese lugar, se han formado barrios nuevos y hay muchos complejos de viviendas. Quiere ser una parroquia misionera, que prefiere salir al encuentro de la gente antes que esperar que la gente llegue hasta ella.

- Y el otro sector es la Obra Social. ¿Cómo nació la experiencia de “Picapiedras"?
- Nació de la inquietud de la comunidad cristiana por dar respuesta a un conjunto de barrios donde la pobreza, la falta de oportunidades, y los niños y jóvenes en esa situación interpeló a la comunidad que se sintió llamada a “pasar de la solidaridad de las palabras a la solidaridad de los hechos”, como decía el p. Pancho Furtado, gran impulsor de la obra en sus orígenes.

El mismo p. Pancho cuenta que hacía poco tiempo que se había erigido la parroquia, que fue confiada a la comunidad salesiana, con la misión de atender esa zona de la ciudad. Una de las capillas que se integraron a la nueva parroquia fue “San Juan Bautista”, en el barrio Feder. Allí, además de las actividades tradicionales, se comenzó el oratorio festivo para atender a los niños de la zona. Y como en el surgimiento de casi todas nuestras obras sociales, la demanda creció, la realidad llamó al compromiso, a jugarse más, y con el aporte de muchas personas que respondieron al llamado, la comunidad se lanzó a pasar del oratorio festivo al oratorio diario y de ahí a la búsqueda de convenios con el entonces INAME. Tras idas y venidas, motivaciones y desmotivaciones, el primer día de julio de 1996 comenzó esta aventura llamada “Picapiedras”.

- ¿Qué servicios presta actualmente la Obra Social?
- Son tres proyectos: el Centro de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF), el Club del Niño y el Centro Juvenil. Es decir: el niño entra a la obra desde la panza de la madre, ya que, en el marco de las nuevas modalidades de atención integral, el CAIF recibe a la madre desde el embarazo hasta que el niño cumple cuatro años. Es un programa bien interesante porque más allá de trabajar con los niños, se trabaja mucho con la familia, y especialmente con las madres, en talleres que apuntan al vínculo con el hijo pero también al autocuidado, la autovaloración y la calidad de la propia vida. El CAIF acerca mucho el Centro y la familia, ya que los educadores trabajan en la obra pero están también mucho tiempo en la calle, visitando, acompañando, escuchando.

El Club del Niño atiende a los niños en edad escolar, en dos turnos, a contrahorario con la escuela. En este proyecto, que es el más antiguo de la Obra, los niños comparten el desayuno o la merienda, pero tienen además apoyo escolar, talleres de computación, manualidades, cocina, teatro y artesanías; y tiempo de recreación, deporte y juego. Una vez por semana tienen un tiempo de catequesis o educación en valores y una celebración en la capilla, donde entre cantos, gestos y oraciones, ponemos en manos de Dios lo que vamos viviendo. Por supuesto: como en todos lados, ¡las fiestas, los paseos, los campeonatos y los campamentos son lo más esperado!

Y para los mayores, está el Centro Juvenil, que ofrece apoyo liceal, talleres, computación, espacios de encuentro y recreación, y Grupos de Juventud Misionera Salesiana (JMS) para quienes lo deseen, con la finalidad de dar una respuesta integral en la difícil y apasionante edad de la adolescencia. Un lugar importante de esta propuesta es la Granja “Nuestra Esperanza”, un predio ubicado a 7 kilómetros de la ciudad, en el que desde hace más de tres años, los muchachos encuentran un lugar especial donde el trabajo de la tierra y el encuentro con la naturaleza -aún cuando haya que superar obstáculos fuertes, como la sequía de principio de este año, donde parece que todo se viene abajo- les brindan oportunidades educativas muy valiosas.

Pero lo más interesante, por lo menos desde mi experiencia, es el ambiente de “casa” forjado por los educadores que trabajan desde hace años. “Picapiedras” es una gran familia donde hay mucha gente involucrada, desde las padres, los educadores y los niños hasta un grupo grande de personas que colaboran, aportando desde su profesión, desde su cercanía, con su oración y hasta su ayuda material.

- ¿Y de ahora en adelante?
- Nos queda seguir caminando, para no perder ese espíritu de familia, para cualificar cada vez mas la atención educativa, para seguir dando una mano a Dios en la búsqueda cotidiana de ese sueño suyo para sus hijos, que Jesús llamó Reino de Dios y nos invitó a compartir.

volver a la página principal