
El acontecimiento fundamental del cristianismo del siglo XX fue indudablemente el Concilio Vaticano II. Acontecimiento no sólo católico, sino con gran repercusión ecuménica. Después del primer entusiasmo, su proceso de asimilación parece haberse trabado. Muchos intentaron borrar su recuerdo, porque sus desafíos fueron y son muy incómodos. Sin embargo, "el nuevo Pentecostés" invocado por el Beato Juan XXIII sigue dando sus frutos.
UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICO
Para comprender qué significó el Concilio Vaticano II para la Iglesia, es importante conocer la intencionalidad del Papa Juan XXIII al concebirlo y convocarlo.
El Papa Bueno soñaba con la unidad de los cristianos y quería actualizar la doctrina y las estructuras de la Iglesia. La sorpresa del mundo fue enorme: el 25 de enero de 1959, el Papa elegido tres meses antes, a los 77 años de edad, convocaba a un nuevo Concilio. Un concilio, no para combatir errores doctrinales o ideologías anticristianas, sino un concilio "ecuménico", de diálogo, de apertura, de reconciliación, de unidad, que fuera mucho más allá de las Iglesias cristianas e interpelara, como solía decir Juan XXIII, a "todos los hombres de buena voluntad".
La mañana del 11 de octubre de 1962, la plaza San Pedro se inundó con 2500 obispos que se dirigían en procesión hacia la basílica vaticana. Las campanas de las iglesias de Roma repicaban, pero había poca gente en la plaza. Se notaba un entusiasmo general, pero no faltaba el desprecio de algunos altos funcionarios de la Curia Romana, para quienes el Concilio sería un gran fracaso. Esos mismos eclesiásticos, desoyendo las indicaciones del Papa, propusieron tratar un listado de más de 70 proyectos sobre temas doctrinales, que sería imposible enfrentar.
Pero, en el discurso inaugural, Juan XXIII sorprendió a todos. Con gran fuerza de ánimo, comenzó diciendo: "La Madre Iglesia se alegra y exulta de gozo". Fue una invitación a disipar temores y dejarse llenar por la alegría del Espíritu. Y señaló luego con firmeza a "aquellas personas que tienen gran celo religioso, pero carecen de sentido suficiente para valorar correctamente las cosas y son incapaces de emitir un juicio inteligente. En su opinión, la situación actual de humanidad está cargada sólo de indicios de ocaso y desgracia... Tenemos una opinión completamente distinta a la de estos profetas de desdichas". Afirmó también que no bastaba repetir y copiar lo que concilios anteriores habían enseñado: había que interpretar, con alegría y sin temor, los signos de los tiempos y restablecer la tarea profética de la Iglesia en el corazón de la historia.
Aquel día terminó con un discurso improvisado ante las cien mil personas que se congregaron con antorchas en la plaza San Pedro, en el que habló de las famosas "caricias a los niños". Esa celebración espontánea fue una imagen clara de la Iglesia: el pueblo de Dios, incluyendo a los niños, estaba presente desde la jornada de apertura del Concilio.
DIEZ PALABRAS CLAVES
1. "AGGIORNAMENTO": La finalidad del Concilio se expresa claramente en esta palabra italiana que indica una relación de continuidad creativa y expresa el esfuerzo de la Iglesia para mirar positivamente al mundo y ponerse al día, leyendo los "signos de los tiempos" que se presentan en la realidad.
2. COLEGIALIDAD. Es la revalorización del "colegio" de los obispos, que se expresa a través de organismos mundiales como el Sínodo de los Obispos y organismos nacionales como las Conferencias Episcopales. Los obispos no son subalternos del Papa, sino responsables pastorales de sus Iglesias locales.
3. DIÁLOGO. El Concilio promovió el diálogo en todas las direcciones como herramienta fundamental del anuncio y la misión de la Iglesia.
4. COMUNIÓN. La Iglesia se define como una "comunión" de Iglesias locales. A nivel más profundo, la Iglesia es comunión con Dios y comunión entre los hombres. La pluralidad y la diversidad son elementos positivos.
5. LIBERTAD RELIGIOSA. Una de las mayores innovaciones del Concilio fue la afirmación de la libertad religiosa, asociada a la libertad de conciencia. Por primera vez, un texto católico oficial reconoce "el derecho a la libertad social y civil en materia religiosa".
6. LITURGIA. El texto preparatorio sobre este tema fue el único que resultó bien acogido por los padres conciliares. La Curia romana no pudo frenar y modificar las propuestas renovadoras que desde décadas venía impulsando el movimiento litúrgico. Redescubriendo antiguas tradiciones litúrgicas, el pueblo volvió a ser protagonista de las celebraciones, que volvieron a realizarse en su propia lengua.
7. ECUMENISMO. El Concilio dio legitimidad plena a la palabra ecumenismo en la Iglesia Católica. La Iglesia de Cristo no se reduce a la Iglesia Católica romana: las diferentes Iglesias cristianas forman parte también de la única Iglesia de Cristo. La finalidad del camino ecuménico no es incorporar a los demás sino buscar un diálogo que favorezca el encuentro.
8. PALABRA DE DIOS. El Vaticano II restauró el lugar de la Palabra de Dios como fundamento de la vida cristiana. El Magisterio no está por encima de la Palabra, sino a su servicio. El Pueblo de Dios puede y debe acercarse a la Biblia para que ésta ilumine su vida.
9. PUEBLO DE DIOS. Al comenzar el Concilio, el Card. Montini -futuro Papa Pablo VI- lanzó la famosa pregunta: "¿Iglesia, qué dices de ti misma?". Después de largos debates, los obispos contestaron al mundo entero: "Reflejando a Cristo, luz de los pueblos, la Iglesia es el signo de la unidad del género humano". En la Iglesia, Pueblo de Dios, a la que todos están llamados a participar, se valoriza la condición de todos sus integrantes, laicos y ministros proponiéndoles una nueva inserción en la historia y en el mundo.
10. GOZO Y ESPERANZA. El último documento, el fruto más maduro del Concilio, fue la "Constitución Pastoral" -por primera vez se usó este calificativo- sobre la Iglesia en el mundo actual. Las primeras palabras latinas del documento, "Gaudium et Spes", indican una actitud de diálogo con el mundo moderno: "Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres..., son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo". El documento analiza la dignidad de la persona y de la familia, el progreso cultural, la vida social y el desarrollo económico, la vida política, la cooperación internacional y la promoción de la paz. La Iglesia se percibe como presencia de servicio ante Dios y ante los hombres.
UNA HERENCIA PRECIOSA
Las finalidades originarias para convocar un Concilio fueron establecer la misión de la Iglesia en el mundo, proponer un camino para la "reforma permanente" de la Iglesia y para presentar de una manera nueva el mensaje cristiano, y dar una prueba de confianza en el ser humano y en su dignidad. Las ventanas de la Iglesia se abrían para que entrara el viento renovador del Espíritu.
El 3 de junio de 1963, lunes de Pentecostés, murió el Papa Bueno. Pero el nuevo Papa, Pablo VI, retomó con entusiasmo la antorcha del Concilio y convocó inmediatamente una segunda sesión para los últimos meses de ese año. La tercera y cuarta sesiones se realizaron en los últimos trimestres de 1964 y 1965, respectivamente.
El Vaticano II resultó ser el cumplimiento de la profecía atrevida de un Papa sencillo, de origen campesino, que lo había definido "como una flor espontánea de una primavera inesperada" y como "un Nuevo Pentecostés".
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